Conversación · Charla casual y fluidez
Cómo no ser aburrido en una conversación
Aburrir rara vez tiene que ver con tu vida y casi siempre con cómo la cuentas: palabras resumen como «una locura» o «buenísimo», que no le dejan a nadie nada que imaginar, y un recorrido por todo el contexto antes del momento. Cambia el resumen por uno o dos detalles concretos: un objeto, un número, un sonido. Empieza desde dentro del momento, agrega después una frase de contexto y detente en la frase que transmite el sentimiento.
¿Por qué mis historias aburren?
Casi siempre fallan en uno de dos puntos.
Tu vecino, que rastrilla hojas en el jardín de al lado, te pregunta qué tal el viaje al Gran Cañón. Dices: «Ay, increíble. De verdad, hermosísimo, medio una locura. Muy bueno». Te dice «Qué bien» y vuelve a su rastrillo. Increíble, una locura, intenso, buenísimo: son resúmenes. Le dicen a la gente qué sentir y no le dan nada que ver, y sobre lo que no ven, no pueden preguntar.
O te vas al otro extremo y empiezas por el principio: «Bueno, salimos el jueves, no, el viernes, porque mi hermana tenía trabajo, y su esposo manejó la primera parte, y paramos en Albuquerque…». Puede que ahí dentro haya una buena historia, pero todavía va por Nuevo México, y tu vecino ya rastrilló la mitad de su jardín.
La versión corta de lo mismo es «Bien», «Nada especial», «Estuvo bien»: un resumen al que le quitaron la historia. Contenerte parece lo más simpático, pero es una idea equivocada. En una serie de estudios, la gente predijo que caería mejor si hablaba menos de la mitad del tiempo con un desconocido, pero cuando los investigadores hicieron que las personas hablaran entre el 30 y el 70 % de la conversación, cuanto más hablaban, mejor caían (Hirschi, Wilson y Gilbert, 2022). No tienes que acaparar la palabra. Solo dale a la respuesta corta una cosa concreta: «Bien. Por fin logré que cerrara el cajón de al lado de la estufa».
¿Cómo contar una historia que la gente quiera escuchar?
Dales uno o dos detalles concretos: un objeto, un número, un sonido. No los más exactos, sino los que transmiten el sentimiento. Primero, para tus adentros, ponle nombre al sentimiento: risa, angustia, alivio. Luego pregúntate qué cosa lo transmitía.
El sentimiento de la historia del cañón era la risa, y lo que la transmitía era algo pequeño: «Manejamos once horas, y mi sobrina miró el Gran Cañón como cuatro segundos y preguntó si el motel tenía máquina de waffles». Ahora tu vecino puede verlo, y tiene algo que preguntar.
Tu instinto tira para el otro lado. En un estudio de laboratorio, quienes volvían a contar una historia para entretener le ponían más emoción y menos detalles sensoriales que quienes la contaban con exactitud (Dudukovic, Marsh y Tversky, 2004). Justo cuando intentas ser interesante es cuando se cuela el «estuvo de locos». Cambia cada adjetivo por la cosa que te hizo usarlo: «daba miedo» se convierte en «la luz de la reserva encendida, a sesenta kilómetros del siguiente pueblo».
Dónde suele fallar:
- Cinco detalles en vez de dos. Dos son una imagen; cinco, un inventario. El resto son respuestas por si te preguntan.
- Un detalle que choca con el sentimiento. En la historia de un susto, lo más gracioso de esa noche la convierte en otra historia. Guárdalo para otra.
- Describir lo que ya conocen. Si conocen el lugar tan bien como tú, sáltate el lugar y dales el momento: qué tenías en las manos, qué oíste.
- Inventarlo. Si tienes dudas, dilo tal como lo recuerdas: «un sedán azul, creo». Un «creo» honesto igual les da una imagen; un detalle inventado se convierte en el recuerdo.
¿Por dónde empezar una historia?
Dentro del momento. Tu primera frase ya está en la parte de la que trata la historia: la sobrina y la máquina de waffles. No el día, el clima, cómo llegaste ni quién es cada quien.
Quédate solo con lo que hace falta para entender la historia, y dilo en una frase después de la frase inicial, no antes: «Habíamos manejado once horas para eso». Lo demás te lo van a preguntar, y esas preguntas son fáciles:
- «Espera, ¿cuántos años tiene?» Responde en pocas palabras, «siete», y sigue. Te pidieron un dato, no que empieces de nuevo.
- «Espera, ¿quién?» Cuando alguien nuevo entra en la historia, basta una frase para imaginarlo: «el esposo de mi hermana, el que no quiere usar GPS». Su trabajo y su pueblo natal solo retrasan la parte buena.
¿No sabes dónde está el momento? Pregúntate qué dirías si solo tuvieras una frase, y empieza con eso. Cuéntalo en orden solo cuando el orden es lo importante: un médico o una aseguradora que te pregunta qué pasó, o alguien que necesita saber cómo llegar.
Una situación para practicar
Junto a los buzones de la entrada de tu edificio, Marisol, la del departamento de abajo, te pregunta qué pasó el sábado por la noche: oyó tu alarma de humo a través del techo. En orden, fue así: invitaste a cenar a seis personas, intentaste asar salmón en el horno por primera vez, la cocina se llenó de humo y el esposo de una compañera de trabajo, el invitado más alto, se subió a una silla y abanicó la alarma con una tabla de picar. ¿Qué le dices?
Una forma de manejarlo
«El esposo de una compañera de trabajo estaba subido a una silla de mi cocina, abanicando la alarma de humo con una tabla de picar. Se me había ocurrido asar salmón para seis»
Por qué funciona
- La primera frase ya está dentro del momento. La invitación y la receta pueden esperar.
- El contexto ocupa una frase, después de la inicial, porque el humo no tiene sentido sin el salmón.
- Una tabla de picar y un hombre arriba de una silla son cosas que ella puede ver. «Fue un desastre total» no le habría dado nada que preguntar.
En la app, la lección «Empieza cerca del final» termina con una situación como esta: escribes o dices tu propia frase, y la IA te dice qué funcionó y qué cambiar.
¿Y si mi vida no es tan interesante?
No necesitas un cañón. La mayoría de las buenas historias en la mesa de la cocina son momentos pequeños de un día normal con un solo detalle: «La caja de autoservicio pidió ayuda tres veces mientras yo compraba un limón». Todo el mundo ha estado frente a esa máquina, y justo por eso funciona.
En una serie de experimentos, tanto quienes contaban como quienes escuchaban predijeron que a los oyentes les gustaría más oír sobre experiencias nuevas para ellos. En realidad, a los oyentes les gustó mucho más oír sobre experiencias que ellos mismos habían vivido, porque el habla está llena de huecos, y una historia conocida deja que el oyente los llene con su propia vida (Cooney, Gilbert y Wilson, 2017). Los autores también señalan que las historias sobre experiencias nuevas son más difíciles de contar de lo que la gente cree. Así que un gran viaje contado con palabras resumen pierde dos veces: el oyente no puede llenar los huecos, y tú no dejaste nada en ellos.
Dónde encontrarlas: lo que le contaste por mensaje a un amigo esta semana, el momento en que algo no salió como lo planeabas, la frase de un desconocido que repetiste en casa.
¿Cómo terminar una historia sin alargarla de más?
Detente en la frase que transmite el sentimiento. Para el cañón: «Once horas en el auto, y la máquina de waffles salió mejor calificada». Dila y detente. Luego pasa la palabra con una pausa o con una pregunta ligera sobre la historia: «¿Alguna vez manejaste muchísimo para algo que resultó un fiasco?».
La versión aburrida sigue después de la risa: el motel, el regreso, lo que empacarías la próxima vez. Cada frase de más le quita un poco a la risa.
Una historia la cuentan dos personas. Cuando la gente le contaba a un desconocido un momento en que se había salvado por poco, las muecas y exclamaciones de quien escuchaba seguían lo que iba diciendo el narrador, y cuando los investigadores distraían a los oyentes, los narradores contaban sus historias notablemente peor, sobre todo en lo que debía ser el final dramático (Bavelas, Coates y Johnson, 2000). Quien te escucha es la mitad de la historia, y donde más se nota es en el final.
Después de la última frase, resiste dos tentaciones:
- Llenar el silencio. Un silencio corto significa que lo están asimilando. Si nadie habla, haz tu pregunta; no agregues el viaje de regreso.
- Superar su historia. Si te responden con una propia, escúchala hasta el final, incluso la parte lenta. «Ah, eso me recuerda…» convierte un momento compartido en un marcador.
Pruébalo hoy
Dos ejercicios, con quien hables hoy.
- En la próxima historia que cuentes, cambia una palabra resumen por lo que hay detrás: un objeto, un número o un sonido. Después, anota sobre qué te preguntaron.
- En una historia de hoy, empieza desde dentro del momento, con una frase de contexto como mucho. Detente en la frase que saca la risa o el gesto de asentir, haz una pregunta sobre ella y escucha la respuesta completa.
Practica esto en la app
Contar historias
Tres lecciones justo sobre esto, «El detalle que marca la diferencia», «Empieza cerca del final» y «Ciérrala y pasa la palabra»: uno o dos detalles concretos que dejan ver el momento, la primera frase que empieza dentro de él y la última frase, en la que te detienes antes de pasar la palabra. Cada una cierra con una situación a la que respondes con tus propias palabras y una frase para usar ese mismo día. El cuestionario arma primero tu camino; tu primer curso es gratis, con comentarios de la IA incluidos.
Si te suscribes por primera vez, los primeros 7 días del plan anual son gratis. La suscripción se renueva automáticamente hasta que la canceles en la configuración de tu tienda.
Preguntas frecuentes
¿Es aburrido hablar conmigo?
¿Cómo hacen las personas carismáticas para que una conversación normal sea interesante?
¿Es de mala educación empezar una historia por la mitad?
Fuentes verificadas
- Hirschi, Q., Wilson, T. D., & Gilbert, D. T. (2022). Speak up! Mistaken beliefs about how much to talk in conversations. Personality and Social Psychology Bulletin. doi:10.1177/01461672221104927
- Dudukovic, N. M., Marsh, E. J., & Tversky, B. (2004). Telling a story or telling it straight: the effects of entertaining versus accurate retellings on memory. Applied Cognitive Psychology. doi:10.1002/acp.953
- Cooney, G., Gilbert, D. T., & Wilson, T. D. (2017). The novelty penalty: why do people like talking about new experiences but hearing about old ones? Psychological Science. doi:10.1177/0956797616685870
- Bavelas, J. B., Coates, L., & Johnson, T. (2000). Listeners as co-narrators. Journal of Personality and Social Psychology. doi:10.1037/0022-3514.79.6.941